En su forma originaria el rajaleña se practicaba principalmente en el ámbito rural, familiar y comunitario, en las grandes haciendas y en ocasión de los preparativos de diferentes festejos familiares y comunales.
Con el paso de los años, las transiciones sociales del campo a la urbanización, el rajaleña se ha mantenido, como hilo conductor del origen campesino de la población huilense. Una ocasión preponderante en la circulación de esta manifestación, es la fiesta folclórica de San Pedro que se celebra en Neiva y todo el Huila durante los meses de Junio y Julio.
En las fiestas sampedrinas las agrupaciones rajaleñeras, salen a escena, a compartir las coplas y su interpretación con el público. Los conjuntos tradicionales se conforman generalmente por diez a doce músicos, que en escena se disponen en hilera o en media luna para trovar. Estos conjuntos musicales interpretan coplas, pero también otros géneros musicales de la región, como bambucos sanjuaneros, pasillos o rumbas criollas.
El vestuario de las agrupaciones es a la usanza del campesino antiguo; el hombre viste camisa blanca y pantalón, cinturón negro, alpargatas, rabo de gallo rojo. Las mujeres, lucen blusón blanco con cuello amplio, en corte bandeja con arandela y con manga media o larga; la falda por lo general es larga rotonda, fabricada con telas coloridas, de estampados florales y con encajes; también usan alpargatas y sombrero (aunque a veces lo reemplazan con tocados de flores).
El movimiento cultural del rajaleña en el Huila es dinámico y se ha expandido a nuevas esferas, como el sector académico, institucional y al ámbito formativo. En los últimos años, ha atraído el interés de músicos licenciados que son parte de la cultura opita y al haber recibido influencia y conocimiento de esta práctica, perfilan nuevas sonoridades y armonizaciones.
Es el caso de la agrupacion denominada Cucamba Cuagüeña o de otras experiencias formativas en instituciones como: Corporación Batuta Huila, Fundación Baracoa y Fundación Tuco Reina, entre otras.
